Bienvenido a Virmostaldoria.

Por favor, no gritéis. Hay almas que quieren descansar en paz
una noche más.

jueves, 5 de abril de 2012

Bichos Raros

Debía ser un día cualquiera, a eso de las 7 de la tarde cuando esto sucedió.
Eran 4 chavales, no muy expertos en la materia de vivir, reunidos en la casa de la única chica del grupo.
Ella estaba pendiente de crear un ambiente adecuado para la sesión del juego al que jugaban. Roleaban una historia de dragones con no demasiado entusiasmo. 
Si bien aquella tarde no prometía mucho, lo que sucedió prometió mucho más.
Sin saber por qué se le ocurrió a la chica encender velas para darle quizá un ambiente más tétrico a la aventura, o para contemplar a sus jugadores como auténticos contrincantes, monstruos a la luz ténue y resquebrajada de una antorcha.
En todo esto, y sin más ni menos, cuando Guillem, quien fieramente se debatía contra un lobo de agudos colmillos, tuvo la brillante idea de apagar una de las velas que tanto les alumbraba. Y de la oscuridad en que quedaron y el humo de la vela, surgió un ente andrógeno, no muy agraciado.
El personaje no era sino alto, chaparro de grandes orejas y napia. Presumía de una chaqueta desgastada y magullada, como su propia piel. revoloteaban a su alrededor miles de alimañas, de la más dudosa existencia.
Fumaba una extraña pipa de boquilla, de forma retorcida y escaléxtrica, que parecía a punto de arrancar a ala carrera. 
La estupefacción de los niños antes este ser fue tal que se rompió algo, sonó a pantalla de móvil estavellándose contra el suelo. 
Una suave risa salió de la mandíbula de aquel hombre/humanoide/cosa.
Les estaba mirando, y acababan de oirle. Estaba ahí, conciso y material.
Raúl fue el primero en abrir la boca, pero Guillem articuló las primera palabras.

-Quiero ver dragones.-dijo desenfadado y firme.

Y la carcajada general estalló de forma involuntaria.
El hombrecillo, como convencido por las palabras del niño, articuló palabras inaudibles para los chicos y un dragón de luces de colores se posó ante los chicos para estalla posteriormente y dejar al aire la ilusión que había sido.
Vanessa aguantó la respiración, y Raúl cerró la boca que había olvidado cerrar antes. Mientras, Guillem sonreía satisfecho. Jesús seguía sin reaccionar paralizado por la sorpresa, la lógica cristiano no acontecía que los demonios llegaran a ese plano.
Y con todo esto, el hombrecillo magulló el aire con una voz rasposa como el papel de vidrio.
Y dijo:
-Bueno, chicos, vengo a llevaros conmigo. Pero necesito vuestro permiso para hacerlo. ¿Queréis venir? Solo tenéis que echar una firmita... -dijo mientras convertía una de sus mangas en un perfecto pergamino, arrancaba uno de sus compactos bigotes y lo estrujó hasta que quedó cilíndriacamente adaptable a la forma de su mano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario